EL BASTÓN DE LA ABUELITA
II PARTE
EFRÉN SÁNCHEZ
AUTOR
En el estante de al lado había una gran cantidad de libros cuya esencia y sabiduría le había enriquecido su existencia de una cultura general muy amplia y admirable y con ellos habían formado su carácter. De los libros que él había leído recordaba, en primer lugar la Santa Biblia; cuya lectura le había proporcionado una visión muy amplia de la manera como Dios había creado el universo, la naturaleza y al hombre mismo. Pudo percibir el incesante amor del Creador por sus hijos a través de los años y su manifestación gloriosa en la persona de Jesucristo, que vino a salvar a todos los seres humanos que se arrepientan y acepten la gracia salvadora por la Fe en el Redentor crucificado. Otra gran revelación que obtuvo de su lectura fue el enterarse que el Sagrado Libro promete que el Señor Jesús vendrá otra vez muy pronto para llevar consigo a todos su amigos que lo quieran al Paraíso, un lugar maravilloso, donde hay una ciudad cuyos muros, casas y calles son de oro y piedras preciosas de colores refulgentes.
En segundo lugar había leído la obra “El Camino a Cristo”, de Elena White, cuyo contenido le había ilustrado de las enseñanzas necesarias para encaminar sus pasos por el sendero de la felicidad que es el camino cristiano. De la misma autora había leído el libro “Mensajes para los Jóvenes”, cuyas orientaciones le habían resultado muy valiosas para formar su personalidad. De la obra titulada “Un Sitio en la Cumbre” de Félix Cortés, había obtenido la inspiración necesaria para persistir en alcanzar sus sueños más preciados y no dejarse desanimar por las incomprensiones de otros, al contrario llenar su vida, cada día, del mayor entusiasmo posible. Del libro “La Conquista del Éxito” del Doctor Braulio Pérez Marcio, había recibido los consejos necesarios, ha manera de cartas, que le ayudaron a fomentar en su corazón valores como la perseverancia, el optimismo, la dignidad, la honradez, la integridad y la esperanza de luchar por un ideal y el precio para alcanzarlo. De la obra “Don Quijote”, del señor Miguel de Cervantes recordaba las moralejas que pueden dejar las luchas heroicas, a veces quijotesca, de los proyectos que parecen utópicos. De la lectura del “Mensaje a García”, logró fijar en su carácter la importancia de llevar a cabo la tarea que nos toca hacer, con disciplina y obediencia, sin estar rezongando y haciendo preguntas. Del “Manual de Carreño” pudo aprender las normas correctas para tener una vida social de orden, urbanidad y buenas maneras de comportamiento. Estos fueron algunos de los libros que Daniel había leído en sus tiempos formativos y al lado de éstos había un cuaderno de escribir que le recordaba que cada día tenía una página en blanco en la cual podía escribir todo lo que quisiera: bien fuera en su mejoramiento personal, en relación con su familia, en sus estudios, en su trabajo, con la sociedad y con Dios mismo; podía convertir cada día bien fuera en un poema, en una pesadilla, una blasfemia o una oración; sencillamente el cuaderno estaba en blanco y lo que escribiera con los diversos lápices de colores sería el Libro de toda su vida. De allí la importancia de tener bien en claro que cada uno de nosotros puede ser lo que quiera ser a través del poder de la imagen de sí mismo y que cada día, en todos los sentidos, estaré mejor y mejor.
Casi al fondo de la biblioteca estaba el álbum familiar y cuando abrió sus páginas pudo recordar las escenas de su vida al paso del tiempo: Pudo ver como algunas fotos lo mostraban con una gran inocencia infantil, una hermosa sonrisa de oreja a oreja y un aspecto físico que a través de los años fue mejorando, por ejemplo: Había imágenes de un Daniel gordito pero que con una buena alimentación y de ejercicios adecuados pudo vencer su problema; en otras de esas fotos se le veía que tenía algunos problemas en sus dientes y en aquel entonces él recordaba que ese pequeño problema le causaba una baja imagen de sí mismo, pero que con el uso adecuado del cepillo dental, de la eliminación de los azúcares refinados y con el consejo oportuno del dentista pudo superar este problema; y así en las diversas imágenes que iba viendo en el álbum pudo comprender que el fracaso nunca le sobrevendría si su determinación para alcanzar el éxito era lo suficientemente poderosa.
Levantó su mirada hacia la parte alta de la pared y allí pudo ver una pintura al óleo con el título de: El Hijo Pródigo, de la cual había aprendido que nosotros muchas veces andamos extraviados en lugares lejanos, sin familia que nos asista; sin un techo para guarecernos; sin vestido que colocar en nuestro cuerpo, y sin un delicioso alimento que podamos degustar; pero que siempre a nuestro lado está el Amante Padre Celestial ansioso de darnos su manto de gracia y bondad.
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